El sexo gay, cada vez más aceptado

A lo mejor después de mi anterior post, creéis que la vida de los gays es un auténtico infierno. Hombre, no sé yo en todos los países del mundo, lo mismo algo de eso hay, pero si nos centramos en España, sí que es verdad que algunos avances se han hecho, aunque por supuesto sigan siendo insuficientes.

No hace tanto tiempo, uno podía ir a la cárcel simplemente por las sospechas de alguien que te acusaba de ser un gay xxx; esto es, no sólo ser maricón, sino además alardear de serlo ( si es que se puede llamar alardear a no ocultar lo que uno prefiere en la vida, fíjate tú). Nadie alardeaba de nada, como comprenderéis, porque las consecuencias sociales ya de por sí eran tremendas: la vergüenza caía no sólo sobre el susodicho sino además sobre toda su familia, y a veces hasta sobre los amigos y conocidos.

Pero para colmo, se consideraba un delito, tipificado en la llamada Ley de Vagos y Maleantes; y date cuenta de que hablamos de hace poco más  de 50 años, no es que hayan pasado siglos ni nada de eso. De hecho, el porno gay español es una categoría casi inexistente en el cine patrio, donde ver maricones follando aún no es muy popular, aunque haya actores que triunfen en el mercado internacional. La cuestión es: ¿interpretan un papel, o son realmente homosexuales?

Si echamos la vista atrás, hay un momento de inflexión tras la conquista romana de la península. La sociedad griega había sido muy permisiva con los sexo gays, viéndolos como hombres que disfrutaban por igual acostándose con hombres que con mujeres. Pero los romanos tenían otras ideas, y su sistema de clases estaba más avanzado, o no, según se mire. Un hombre de clase alta podía tener relaciones homosexuales con criados, esclavos u otros tipos de un escalafón social más bajo, sólo por diversión; pero la cosa no funcionaba igual al contrario, y por supuesto un hombre poderoso se guardaba mucho de andar por ahí follando como una loca viciosa, si es quería conservar su reputación sin tacha.

Ya en esos momentos se hizo una clara distinción entre el gay activo, que daba mandanga y era más bien tirando a bisexual, siendo capaz de acostarse tanto con hombre como con mujeres, y el gay pasivo, lo que actualmente conocemos como muerde-almohadas, y que era considerado como un sumiso afeminado. Ya entenderéis de dónde viene esa concepción de la homosexualidad que ha perdurado durante siglos.

Después de los romanos, irrumpió en la historia, para desgracia de todos los homosexuales, la religión cristiana, que se fue haciendo poderosa y donde se tachaba a la gente sexualmente distinta de antinaturales, ya que el fornicio sólo debía servir para engendrar descendencia. Sin duda, eso fue un punto de inflexión, ya que esa visión homófoba del cristianismo sobre el mundo gay es la que ha perdurado mucho tiempo, y sigue perdurando en muchísimas partes del mundo.

En la Edad Media, y durante el período visigodo, con una población que poco a poco también fue convirtiéndose al catolicismo, se castigaba duramente la sodomía, que incluía varias prácticas sexuales y no solamente el sexo anal, con la castración y el destierro. En la parte sur del país, donde gobernaban los musulmanes, la homosexualidad era mucho más bien vista, y se sabe de cánticos y escritos que ensalzan las relaciones de personas del mismo sexo, ya fueran hombres o mujeres.

Cuando se acabó la Reconquista y todo el territorio español era castellano y por ende, cristiano, los Reyes Católicos cambiaron el castigo para el llamado “crimen abominable” (demasiado tremendo para calificar el acto de dos chicos follando, ¿no creéis?), y desde entonces, ser gay podía ser motivo para acabar en la hoguera, pasando, cómo no, por la confiscación de los bienes. Es curioso este cambio de mentalidad tan extremo, pero es que si tenemos en cuenta la cantidad de reyes y altos cargos de la Iglesia que en esos momentos practicaban, y casi alardeaban, su homosexualidad, casi se entiende que tuvieran que hacer algo para cortar esta situación de raíz.

Por supuesto no lo consiguieron, como no se consigue nada simplemente con prohibiciones y castigos, y menos cuando se trata de un instinto natural. Y esta fue más o menos la tónica durante siglos, hasta precisamente el pasado, del que ya os he hablado. Acabamos por convertirlo en un delito, y en algo humillante para todos lo que rodeaban al supuesto delincuente. De hecho, se les encerraba en instituciones que más bien eran campos de concentración, donde eran obligados a realizar trabajos forzados, y donde recibían palizas y torturas sistemáticamente. Y digo yo ¿acaso así nos pensaban quitar el gusto por las pollas grandes?

En fin, que por suerte las cosas empezaron a cambiar durante la transición y el comienzo del régimen democrático en España. Se crearon leyes de igualdad y de defensa de los derechos de los homosexuales, y así llegamos también hasta el 2005, cuando se legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo, dando una alegría a miles de personas que vieron así cómo podían convertirse en pareja no sólo antes la sociedad, sino también ante la ley.

Total, tras este recorrido por la historia homosexual de nuestro país, no podemos dejar de sentirnos un poco optimistas, aunque por supuesto todavía haya muchas barreras que romper.